El gobierno electrónico es una consecuencia de la apropiación que hacemos de Internet. Su aplicación es, por ende, expansiva en cuanto a servicios e integración. En nuestro país, desde la prensa, la institucionalidad y la ciudadanía misma, existen cada vez mayores referencias a la necesidad de su ejercicio eficiente. 

Pero utilizar internet desde el aparato estatal no basta para hacer e-government.

¿Qué es el gobierno digital?  

Efectivamente, e-government se define como el uso y aplicación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la administración pública.

Sin embargo, dichas tecnologías no constituyen un fin último, sino el medio para conseguir objetivos de gobernanza democratizadora acorde a las emergentes formas de comunicación social en una era de interconexiones digitales.

Esto es, aprovechar las oportunidades de los escenarios virtuales para: 

  • Mejorar la eficiencia de los procesos internos estatales en su rol ante la sociedad, generando una administración más sencilla y menos burocratizada. La informatización de los registros públicos impulsada por el Ministerio de Justicia podría ser un buen ejemplo para definir esta simplificación, que involucra la gestión de servicios y trámites gubernamentales directamente online.
  • Establecer formas de comunicación política que faciliten la transparencia, garantizando a la ciudadanía su derecho a una información pública veraz sobre las instituciones y su gestión. Los escenarios digitales no crean transparencia per se. La voluntad política de la transparencia, por ende, es preexistente a nuestra presencia online, y debe partir de un compromiso de nuestras organizaciones con la ciudadanía.
  • Fomentar vías directas de interacción y participación ciudadana, a través de una comunicación cada vez más transversal y proactiva en función de las necesidades sociales. Dicho de otra manera, en un ámbito donde los públicos son también productores de contenido y la información se construye de forma multilateral, es clave trabajar a partir de valoraciones críticas de servicios y políticas, adoptando procesos de toma de decisiones que tengan en cuenta, mucho más que antes, los aportes de la ciudadanía.   

¿Cómo se da la transformación digital de las organizaciones en Cuba?

La transformación digital de las organizaciones usualmente se torna compleja, porque no depende de utilizar las tecnologías en mayor o menor medida, más bien parte de una concepción estratégica institucional alineada con objetivos que la gestión en la web contribuye a alcanzar.        

Esto significa que para trabajar en función de un gobierno en línea, se necesita más que tener sitios web actualizados y Twitter. En primer lugar, es necesaria una lógica estructural que dilapide los flujos de comunicación en un solo sentido, para construir procesos dialógicos con los ciudadanos.   

Una estructura deficiente y burocratizada, no hará más que reproducir la deficiencia y la burocracia en los medios digitales. Por ello, poner como eje la utilidad que podamos brindar al público a través de la presencia online de las instituciones, es el primer paso para reconfigurar los modos de hacer e interactuar. 

En este caso, la gestión online se ve afectada por una dinámica basada en una extrema verticalidad dentro de los organismos de la administración central, que choca con la horizontalidad y la relativa desmediatización que facilitan los espacios en la web. 

Las Direcciones de Comunicación aquí despliegan un rol sustancial, porque si bien no definen las políticas institucionales ni los mensajes que la organización desea emitir, sí que son responsables de diseñar y aplicar estrategias que articulen ambos entornos –offline y online– propiciando convergencias entre los intereses de las partes, es decir, entre los públicos y la institución.

¿Estamos donde están los usuarios o los usuarios están donde nosotros?

El contexto cubano tiene peculiaridades que afectan negativamente el desarrollo balanceado de un gobierno digital. Si nos ponemos a pensar, la creciente incorporación de las tecnologías e Internet a la vida cotidiana de las personas, así como la masiva presencia de los usuarios en las redes sociales, propició la necesidad de empresas, instituciones y gobiernos a también ocupar y participar de esos espacios, no ya como portadores supremos de la información, sino como actores dentro de procesos más horizontales de comunicación.

En Cuba, ha ocurrido ligeramente a la inversa. La mayoría de sitios web de la administración central del Estado fueron creados sin que existiera una correspondiente demanda de sus servicios online desde la población. Es decir, sin que hubiera un acceso significativo a Internet.

En el caso de 2018, cuando el presidente y el Consejo de Estado y de Ministros, –además del resto de OACEs que aún no estaban– decidieron abrirse cuentas en la red social Twitter, ocurrió un proceso similar. Si bien los gobiernos se han incluido en las redes sociales porque los usuarios están allí, en Cuba los usuarios han debido ir hasta Twitter para encontrarse con los organismos centrales y su gobierno.  

Lo cierto es que si hasta 2018 Facebook acaparó casi el 90% del tráfico web desde Cuba a las redes sociales, el panorama de 2019 en adelante podría comenzar a alterarse, teniendo en cuenta el notable incremento de perfiles en Twitter desde finales del año pasado.

¿Dónde se ubica Cuba con respecto al resto del mundo?

El Índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico de la ONU (EGDI) se calcula a partir de tres variables:

  • Calidad y alcance de los servicios en línea
  • Conectividad de las telecomunicaciones
  • Capacidad humana

En 2018, la Encuesta de gobierno electrónico ubicó a Cuba en el lugar 134 de 193 países disponibles. En 2016, Cuba aparecía en el puesto 131, por lo que, a simple vista, pareciera existir una regresión en la Isla en cuanto a este índice de desarrollo.

Índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico para Cuba (2018)
https://publicadministration.un.org/egovkb/en-us/Data/Country-Information/id/43-Cuba

Sin embargo, tanto las acciones emprendidas en los últimos tiempos, como la voluntad política de reconocer al gobierno electrónico como un asunto de comunicación social, indican lo contrario.    

Nuestra ubicación en el ranking, de todas maneras, refleja que aún estamos en una etapa de presencia emergente, descrita como aquella en la que “el país asume el compromiso de desarrollar Gobierno Electrónico, pero solo información básica se brinda a través de Internet”. 


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Katia Sánchez Martínez

Comenzó a estudiar Comunicación Social sin saber qué era y se graduó creyendo que podía conquistar el mundo -o al menos Cuba- con su carrera. Su servicio social se dividió entre un ministerio y, posteriormente, un medio de comunicación. Siempre enfocada en la comunicación digital y online. Ideó este blog porque cree de verdad en el desarrollo de su profesión en Cuba. Lo que más le gusta en el mundo es estudiar materias que no necesita, como el idioma coreano.

3 Comentarios

Directivos, políticos e instituciones en las redes sociales. ¿Hacia una cultura digital en Cuba? - La Penúltima Casa · agosto 26, 2019 a las 11:51 am

[…] a la horizontalidad y al diálogo, suelen estar asociados con la reticencia al cambio. En este post ¿E-government en Cuba? comentaba sobre cómo la verticalidad y la burocracia en los Organismos de la Administración […]

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