¿Qué entendemos por cultura digital y cuáles son las principales visiones que afectan la presencia en redes sociales de directivos, políticos e instituciones cubanas?

El proceso de informatización de la sociedad cubana ha disparado la presencia institucional en las redes sociales. Desde hace algunos años ya, pero con mucha más fuerza luego de la entrada del Presidente a Twitter (octubre de 2018), directivos, políticos e instituciones en general, son orientados para utilizar las redes sociales como vía directa de contacto con la ciudadanía.

Sin embargo, tener y entender la tecnología sin el desarrollo de una cultura digital (que pasa por la necesidad de que el proceso de informatización alfabetice a la par que otorga herramientas tecnológicas) ha traído algunas posturas comunes adversas. Entre ellas:  

La visión de las redes sociales como parte de un mundo virtual

Lo malo de esta percepción es que implica una contraposición entre ese supuesto mundo virtual y el real. Cada vez hay más puntos de encuentro entre los espacios digitales y los físicos:

  • las noticias que consumimos,
  • los lugares donde trabajamos,
  • las personas con las que nos relacionamos.

Estos y otros ejemplos implican una integración de lo virtual, no como un mundo, sino como parte ya indisoluble de nuestra vida cotidiana. Las redes sociales son el mundo real. No verlo de esa manera afecta el modo en que las instituciones, los directivos y los políticos entienden y practican la comunicación en Internet, restándoles importancia y obviando la presencia ciudadana –real–  en ellas.

La confusión entre lo personal, lo privado y lo profesional

Vamos a esclarecer este concepto de una: las redes sociales son personales, pero no privadas. Son espacios públicos. Esto implica que si se quiere mantener información privada, pues no debería publicarse en las redes. El hecho de subir un post personal implica una posición abierta sobre determinado tema y conlleva una responsabilidad social. 

Por ejemplo, un político que publique fotografías sobre su entorno familiar o en sus vacaciones en la playa está haciendo, consciente de ello o no, comunicación política. Su compromiso como representante de la ciudadanía no termina en sus redes sociales, por muy personales que estas sean.

La otra cara de esta confusión se ve en esos perfiles que, de tan profesionales, parece que no están hechos por seres humanos. Si bien es negativo adoptar una postura ajena a las responsabilidades profesionales en las redes sociales, también lo es no comprender que lo natural y lo personal son hoy una proyección de lo profesional.

¿Qué significa esto? Humanizar las redes sociales favorece la cercanía y el contacto con los públicos, porque otorga valores que, como la transparencia, son cada vez más apreciados y necesarios.  

La percepción de las redes sociales como una carga de trabajo adicional

Para cualquier marca, organización o figura pública, las redes sociales implican oportunidades. Tanto en costes, como en mecanismos efectivos de promoción, la atención a los públicos de manera inmediata, la desmediatización y personalización de los mensajes, son factores que indican que estas herramientas, indiscutiblemente, aligeran el trabajo de comunicación.

En Cuba, es común ver a directivos, políticos e instituciones depurando líneas de mensajes, hashtags idóneos y campañas varias que les suponen un dolor de cabeza y un trabajo que consideran extra a la cantidad de responsabilidades que ya tienen.

Algunos, incluso, pasan directamente de las redes sociales argumentando falta de tiempo para dedicarles.

Los procesos de comunicación online, sin embargo, tienen un correlato offline y sus objetivos deben contribuir directamente a los propósitos macro de comunicación. El trabajo en las redes sociales, en vez de asumirlo como adyacente o aislado, pudiera verse como espacios de alivio del monto de trabajo en las organizaciones, en la medida en que se satisfacen, desde ellas, necesidades concretas de comunicación de los usuarios.

El temor a perder el control

Los tonos extremadamente formales y transmisivos en plataformas que inducen a la horizontalidad y al diálogo, suelen estar asociados con la reticencia al cambio. En este post ¿E-government en Cuba? comentaba sobre cómo la verticalidad y la burocracia en los Organismos de la Administración Central del Estado en Cuba afectan las dinámicas de comunicación en los entornos digitales.

El comunicador boliviano Alfonso Gumucio, en el prólogo del libro Información, comunicación y cambio de mentalidad. Claves para una Cuba 3.0, plantea la necesidad de “usar también las nuevas tecnologías para articular una ciudadanía participante, con capacidad de intervenir y tomar decisiones en asuntos del Estado que influyen en su vida cotidiana”.

También asegura que “de eso estamos todavía muy lejos, en parte por el temor de los gobiernos de dar demasiado poder a los ciudadanos para debatir, decidir y planificar el desarrollo”.

Asumir la política en esta nueva sociedad, implica también transformar esos códigos dogmáticos tradicionales para incorporarse a la conversación que está teniendo lugar ya en las redes, y que existirá con y sin los políticos.

Para eso, perder el miedo es imprescindible. En todo caso, hay que pensar en educar, en participar y en hacer partícipe a la ciudadanía en la toma de decisiones. No en “colonizar” los espacios con mensajes unidireccionales, sino en generar procesos de construcción e influencia colectiva. Porque, definitivamente, los riesgos de quedarse atrás son mayores.

Conclusiones

El proceso de informatización de la sociedad cubana necesita trascender los lemas como #CubaInformatiza para adentrarse, con mayor profundidad, en una alfabetización que desarrolle una verdadera cultura digital. Es decir, que el uso de las herramientas tecnológicas promueva una transformación hacia una sociedad inclusiva, interactiva y construida también desde los espacios digitales.

Pero esa alfabetización debe comenzar con los dirigentes y también con las instituciones. Su responsabilidad en la utilización de las redes sociales como espacios de gestión de lo político junto a la ciudadanía, puede estar guiada por la acción de profesionales de la comunicación, ya sea desde direcciones en las organizaciones o en equipos de asesoría.

“El eje transversal de la cultura digital es la comunicación”.

Manuel Martín Serrano

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Katia Sánchez Martínez

Comenzó a estudiar Comunicación Social sin saber qué era y se graduó creyendo que podía conquistar el mundo -o al menos Cuba- con su carrera. Su servicio social se dividió entre un ministerio y, posteriormente, un medio de comunicación. Siempre enfocada en la comunicación digital y online. Ideó este blog porque cree de verdad en el desarrollo de su profesión en Cuba. Lo que más le gusta en el mundo es estudiar materias que no necesita, como el idioma coreano.

4 Comentarios

Marjel · septiembre 4, 2019 a las 9:04 am

Excelente trabajo, me gustó mucho la manera de enfocar la pertinencia de las redes sociales no como un “modismo”, si no, como una realidad y una “herramienta” más del proceso de comunicación. Son el presente y futuro de este mundo cambiante, que no va a detenerse a esperar a que le demos F5 a nuestros modos de hacer comunicación, o a esperar a que nos despojemos de herramientas que ya hoy no son las más idóneas para relacionarnos, tanto interpersonal, como en una entidad y sus públicos.

    Katia Sánchez Martínez · septiembre 6, 2019 a las 12:36 am

    Toda la razón, Marjel! Muchas gracias por pasarte por acá. Un abrazo!

Lucía Margarita Arozarena Johnson · septiembre 6, 2019 a las 12:56 pm

Me gusta mucho la forma en que se aborda el tema de la información de la sociedad, si hay dominio de como utilizar está herramienta valiosa, la participación popular aumenta en la toma de decisiones a todos los niveles de dirección de dirección del país.

    Katia Sánchez Martínez · septiembre 6, 2019 a las 7:11 pm

    Así es, Lucía! Un saludo y muchas gracias por pasarte por acá.

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