Hace unas semanas, el pintor cubano Michel Mirabal publicó un video en Instagram y Facebook donde utilizaba las nalgas de 4 mujeres como tumbadoras. El material estuvo en línea apenas un día antes de que él mismo lo retirara por la avalancha de reacciones de indignación y rechazo, especialmente entre las miembros de colectivos feministas en redes sociales.

Con anterioridad, Mirabal ya había levantado ruido cuando hizo pública la convocatoria para un casting en busca de las cuatro mujeres/tumbadoras, cuyo único requisito era tener “nalgas”. El video no fue, sin embargo, el producto artístico final. Ni siquiera fue el producto.

Michel Mirabal, reconocido artista plástico de nuestro país, multipremiado, con numerosas exposiciones alrededor del mundo y que apadrina un hogar de niños sin amparo filial en La Habana; estudió los efectos de las redes sociales y los contenidos que en ellas se hacen “virales”. Ratificó que los impactos negativos son, desafortunadamente, aquellos que alcanzan mayor visibilidad.

Esto no es un fenómeno nuevo. Desde el marketing, los estudiosos aseveraban que la experiencia positiva de un individuo con una marca sería contada, en promedio, a dos personas de su círculo inmediato; mientras que una experiencia negativa sería contada a diez personas. En las redes sociales, esto alcanza dimensiones mucho mayores, especialmente si se tiene en cuenta la intervención de usuarios líderes de opinión o “influencers”.

Michel decidió, como preámbulo, crear un escenario negativo. Una forma, según él, de provocar desde el arte. El video era, sin dudas, un contenido sexista, así, a secas, como quien intenta exhibir los sesgos de género a flor de piel, sin florituras. Esto es, desnudando al arte de sí mismo para convertirlo en violencia.

Solo el nivel de visibilidad alcanzado por un rechazo general causaría expectativas en torno a su “verdadera” propuesta: un videoarte contra la violencia de género.

Ahora bien, entendamos un poco la idea del performance completo, desde el supuesto casting hasta el videoarte de cierre: el artista no solo visibilizó un fenómeno para su análisis, sino que fue protagonista del hecho violento, dejando en un espacio de dudosa ética la propuesta.

“Si herí susceptibilidades no tengo ningún problema en pedir disculpas”, responde Mirabal, “pero creo que hay una lectura a veces un poco blanda, hipócrita, porque se habla de estos fenómenos pero no se va a los lugares donde se encuentran, donde están naturalizados desde la cuna en la mayoría de los casos”.

“Las muchachas del video son modelos profesionales que sabían del proyecto y vinieron a hacer este trabajo. Incluso el casting fue una provocación. Quien me conoce sabe que yo no caería en esas banalidades”.

“Mi obra –continúa– es un granito de arena en la lucha contra el sexismo y, particularmente, contra la violencia hacia las mujeres”.

El performance Las dos orillas de una verdad, que finalmente fue publicado en Facebook la madrugada de este miércoles, deja la sensación de haber sido conservador y prudente, bastante lejos de poder emular con el impacto inicial. Las mujeres ahora aparecen en escena tapadas con largos pullovers. El artista no ha podido tocarlas esta vez, no son objetos.

La polémica se agrava con la presencia del Maestro José Luis Cortés, recientemente involucrado a través de las propias redes sociales en un escándalo por presunta violencia hacia su ex compañera de trabajo y de la vida Dianelis Alfonso (La Diosa). Resulta paradójico –incluso contraproducente– que el video sea justamente sobre este tema. Previamente, el músico había hecho una especie de defensa sobre su visión del trabajo, que parecía echar por tierra la idea del performance, avivando las numerosas críticas. Quizás Mirabal no debió dejar nunca al Tosco hablar.

Sin embargo, ahora que ya está el material completo y hemos podido ver su posición de manera explícita, es necesario notar el llamado de atención que culmina la obra: aunque la violencia venga disfrazada de arte, no te dejes usar. Mirabal, en efecto, está dialogando con otros artistas, entendiendo el arte no como ese espacio que, por libre, es lícito desde sus propios códigos, sino como producto de comunicación social que solapa los discursos sexistas y violentos consumidos acríticamente.

Michel está tomando una posición desde la responsabilidad que el arte encierra. Desde el mismo compromiso que lo hace trabajar para otras causas sociales. Pero la propuesta no deja de ser cuestionable e, incluso, podría acarrear un costo importante para su imagen, desde lo difuso que resulta discernir hasta qué punto era necesario ejercer la violencia para condenarla.

La propuesta no concluye con el artista. El debate que ha generado en las redes sociales y fuera de ellas, desde ámbitos especializados y no, es la verdadera obra. Es esa deconstrucción enriquecida, llena de matices y perspectivas incluso antagónicas, a lo que Michel Mirabal atribuye el éxito del producto. Ha vuelto a poner en Cuba los temas de violencia de género sobre la mesa, para abordarlos integral y transdisciplinarmente.


error20

¿Desea estar al tanto de nuestras publicaciones?

Katia Sánchez Martínez

Comenzó a estudiar Comunicación Social sin saber qué era y se graduó creyendo que podía conquistar el mundo -o al menos Cuba- con su carrera. Su servicio social se dividió entre un ministerio y, posteriormente, un medio de comunicación. Siempre enfocada en la comunicación digital y online. Ideó este blog porque cree de verdad en el desarrollo de su profesión en Cuba. Lo que más le gusta en el mundo es estudiar materias que no necesita, como el idioma coreano.

2 Comentarios

Periquita Pérez · julio 11, 2019 a las 10:47 am

¡Cuántos buenos críticos y críticas de arte se están perdiendo los medios de comunicación y, sobre todo, los cubanos!

¿Cómo manejar las opiniones negativas en redes sociales? - La penúltima casa · agosto 5, 2019 a las 11:17 am

[…] En Cuba, la mayoría de las crisis de comunicación online se han dado a través de Facebook. Es natural si tenemos en cuenta que constituye la red, con amplio margen, más conocida y utilizada. Así vemos casos como el escándalo de homofobia del Bar EFE y, más recientemente, la controversia sobre violencia de género provocada por un performance del artista Michel Mirabal. […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
RSS
Facebook
Twitter
LinkedIn
Instagram